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Cuestionalo.

Pienso en ovejas pero no se animan a saltar mientras se prueban un saco y corbata. Llego a la esquina, el semáforo se camufla entre el rojo de uñas pintadas y yo cambio minutos por bocinas. Un riesgo imprescindible.

miembro de CRUZAGRAMAS

Despertarse Monday, April 22, 2013 |



Que difícil despertarse ficción, cuento, cuentito, fantasía.  Que difícil despertarse novela, ensayo, ensayado, qué difícil despertarse un juego pelotudo, enreglado; un chiste, un decir, sobredicho, gastado y triste y sucio.
¡Qué difícil levantarse comercial! Propagando propagandas, levantarse repetido repitiendo ilusiones y repartiendo maldones y malhechizos y levantarse malhechor, malparido y malhacido hijo de puta.
O peor, levantarse hijo de nadie, de nada y de nadie.

Papá: nada.
                 Mamá: nadie.
          Hijo: vacío.

Levantarse lío, bochinche achanchado, chancho sin hambre, quilombo sin bombo que sería quil, no es ni kilo de pan ni que en francés.

No puede no ser otra cosa además de nada.

Es capaz como levantarse reloj, frenado y sin agujas, o campana grande, sí, sí, muy grande, pero golpeada, sabés, y muda.  O metrónomo atascado en 137 pulsos por minuto, tic toc, tac tuc, como bailando y dormirse y levantarse bailado.  Usado, untado y ultra unchufado como se la unchufan a tu hermana y lo sabés, y te hacés el boludo, y lo sabés.

Levantarse soldado a chispa y fuego, inseparable del deber, el orden, la orden, el honor, el orgullo, y la eterna hijaputez de matar.

Levantarte matado, com la inposibilidad de levantarte.  Levantarte atado con hilo dental a una grúa en un día de otoño lluvioso con lluvia y truenos y soretes de punta y vos gritás AHHHH y nadie te escucha porque están pasando esta nueva novela, ehm, Únicamente vos, o solamente yo, con Suar y esos que hacen cosas graciosas y vos AHHHHHH la puta que lo parió BAJENMÉ y Suar le dice a Macbeth “Lo que pasa es que es loco por vos entendés, los héroes trágicos me fascinan, me re re re copan entendés?”

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Diálogo entre dos Saturday, April 20, 2013 |

- Yo creo que tiene que tener terraza, así tomás sol, sino en el invierno quedás hecha un alien pálido, ondulando entre el verde venoso y el blanco cadáver.

- Mirá Mauricio, no te preocupes por mí, no voy a ir nunca y la terraza me da miedo porque no voy a estar yo para cuidar a los chicos. Lo único que te pido es que duerman de a dos igual que acá. Es importante que les guste ir a tu casa los fines de semana.

- Bueno pero no te pongas así, podés pasar cada tanto a visitar, pensá que ellos son dos y yo soy uno, y yo a diferencia de otros no soy mantenido: yo trabajo, pago alquileres, pago reproches, malcrianzas, caprichos...

- ¿Cómo dos? Espero que tengas lugar para los cuatro. Ya sé que Miguel y Benjamín no son tus hijos pero necesito que te los lleves con sus hermanos. Ellos no pueden separase. Por supuesto que si me gusta la casa, voy a ir a visitar. ¿Te gusta este barrio?

- Bueno pero Miguel todavía no dejó la teta y Benjamín sigue usando pañales, supuse que se iban a quedar con vos, perdoname. El barrio bien, no sé, vos sabes como me siento respecto a los supermercados chinos. Parece que estuvieran mutilando ballenas moribundas, se huele desde libertador, es un bajón. ¿Por qué, a vos sí te gusta?

- Me parecía bueno que estuvieras cerca por si necesito algo. Como una transición. Yo en realidad no quiero que vayas, eso es una decisión tuya. Pero pensalo. Yo seré fea y pálida pero cocino bien y tengo una dentadura sana.

- Es verdad, pero yo siempre te dije que vayas a algún casting de Colgate y nunca me diste bola, y con el tema de la cocina ni empecemos, los platos te salen ricos pero los ingredientes carísimos, siempre probando cosas raras al final del día los ravioles de salmón tienen un gusto amargo a cuenta eterna de supermercado. Yo encantado de que pases por casa, siempre y cuando tomés sol en la terraza y me ayudés con los chicos, ¿Es mucho pedir?

- Si voy a tomar sol, voy con un amigo. Juan Galvez, ¿lo conocés? Es de Lanús.

- No, por mi ni te preocupes, caé tranquila con tus pretendientes, yo encantado, si hay un cuarto de invitados te lo cedo, o mejor, voy yo al cuarto de invitados y les dejo el principal, así están más cómodos.


- Ah, ¡Estás celoso! Es sólo un amigo pero tu reacción indica que me seguís queriendo. Estoy segura. Te conozco. Sé que me querés castigar, que estás enojado por algo. Por favor decime qué es.

- No no no no, no voy a caer en tu psicoanálisis barato tan fácilmente, yo se donde termina esto, vos te haces la arrepentida nosequé miau miau uaf uaf perrito mojado, esto se desvirtúa, y en vez de concentrarnos en mirar casas acabamos encerrados en algún cuarto, la de la inmobiliaria sale del baño de una puta vez y nos encuentra trepados arriba de un mueble todo plastificado y después encima me culpás a mí por impulsivo cuando en realidad vos lo tenías todo planeado de antemano, ¿O me vas a decir que venís vestida de mini-falda en invierno porque las calzas son más abrigadas que el jean?


- ¿Y eso que tiene de malo? Así es la vida. Queremos cojer, cojemos. ¿Cuál es el problema? Todavía sos mi esposo lo que entiendo es por qué te querés ir de casa. ¿Es por Benjamín y Miguel? Si al final son como tus hijos.

- Claro. Hagamos énfasis en el “como”. Porque yo soy rubio, ojos azules, blanco teta y ellos amarillos, pelo negro y ojos semi-achinados. ¿En qué aspecto son como mis hijos? ¿Porque les pago los pañales, la ropa y me banco los gritos?

- Eso es culpa tuya por mudarnos al barrio chino. No des vuelta las cosas me eches la culpa a mí.

Yo escribí la voz masculina, Ana la voz feminina.

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mauricio |

- Tenemos que hablar Mauricio. Tengo algo que decirte. Mauricio. Es importante. Mauricio mirame. Mauricio me podés prestar atención es la última vez que te lo digo, ¡Respondeme!
- Qué pasa.

- Nos vamos a tener que mudar.
- ¿Y eso por qué?
- Porque no nos va a alcanzar el espacio.
- ¿Y espacio para que querés? Esa maquinita de karaoke ya te dije mil veces no la vamos a comprar.
- No, eso no Mauricio.
- ¿Andas queriendo adoptar un perrito de la calle o algo así? ¿Por eso hinchabas el otro día con que te sentías sola durante el día? Mira tu telenovela, o mejor salí a caminar que no te vendría mal. O anda al gimnasio de una puta vez que vengo pagando la cuota hace tres meses.
- No Mauricio, no es eso. Y no me digas que estoy gorda.
- Yo nunca dije que estés gorda. El ejercicio hace bien.
- Yo hago ejercicio. Casi todos los viernes voy a bailar salsa con Chechu y Pani a Tropicana.
- Con esas dos malparidas que son como la garrapiñada, se las hacen en todas las esquinas.
- No hables así de mis amigas Mauricio. Vos terminás toda las noches en algún bar y yo nunca digo nada.
- Bueno pero a la mañana salgo a correr y me mantengo en forma, por más resacado que esté.
- Pero Mauricio yo no estoy gorda. Estoy embarazada.
- Justo lo que me faltaba, no me vengas con esas pelotudeces de nuevo.
- Pero enserio Mauricio. Esta -
- ¿Esta que? Si hace 4 meses que no hacemos nada, desde que te cortaste el pelo y te lo teñiste de rojo parece un travesti, ya te lo dije mil veces, no te toco ni con un palo hasta que vuelvas al rubio.
- Mauricio no me hablés así, sabés que me duele. Hoy me hice el test y me dio positivo, te juro que esta vez no es mentira.
- Y bueno, si no es mentira, no vas a esperar que me haga cargo, mío no es.
- Pero Mauricio nosotros somos una pareja, tenemos que acompañarnos en las buenas y en las malas.
- Bien que no me pediste que te acompañe en las buenas, cuando estabas abajo del padre de esa criatura, ¿y ahora querés que esté acá para las malas?
- Pero hicimos un pacto: ¡hasta que la muerte nos separe!
- No me lo repitás dos veces que en una de esas te caes por las escaleras y quedamos felizmente separados.
- Mauricio me estás rompiendo el corazón, fue una sola vez, te lo prometo, no debí haber tomado tanto, son cosas que pasan.
- ¿Y quién es el padre?
- No sé.
- ¿Pero no había sido una sola vez?
- Sí bueno. Pero eran más de uno.
- ¿Osea eran dos?
- Osea eran más de uno.
- Ah bueno, que plato. Mira con el bichito que me vine a casar.
- Mauricio perdoname. Quiero que entiendas, estoy muy arrepentida, vos sos el amor de mi vida.
- Bien que no me lo mencionaste hasta que se te infló la panza, sinverguenza.
- Pero yo sabía que ibas a reaccionar así, ¡no te quería lastimar!
- Ah, ¿lastimarme a mí? No nena, por mí no te preocupes, si hoy sale alguien lastimado de este cuarto sos vos.

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Volviendo Friday, April 19, 2013 |


está volviendo
la dejé entre los matorrales
dijo angustiado el general
tanta falsa muchedumbre
festejando el carnaval
déjeme decirle, buen hombre,
como corren los ciempiés
una pata delante la otra
las botas,
firmes,
la boca
silbando
un valsecito
portugués
no me diga que decir
cuando venga la doña
yo se mis líneas
ella las suyas
tanta lluvia
primaveral
seguiremos sin cruces ni vueltas
ni túneles espiralados
porque los papeles están escritos
mi rey
en el viento que los empuja
hay lagunas donde los patos
gritan
para gritar
para gritar.
-
Sonaba The Strokes. Todos quietos. Me acerco a ella sin ninguna intención en particular. Le tomo la mano, sonrío, la hago girar, como agujas, de un reloj, y con un gesto, me voy. Encaro la puerta, bajo los escalones, y espero, ya con la camisa desarreglada y las pupilas pequeñitas, espero apoyado sobre la parada de colectivo. El 152 no tarda en llegar, y así llego a mi departamento antes de las 5 am. Me saco la camisa, los zapatos, vacío mis bolsillos y abro la heladera. Paso diez minutos embobado, mirando la heladera. La cierro, abro el frízer, lo cierro, vuelvo a abrir la heladera. Saco un durazno y una cerveza de litro. Busco en los cajones el destapador, lo encuentro, abro la botella, me dejo caer sobre el sillón. Me concentro en el rugido del asfalto, los autos, los gritos, el viento. Cierro los ojos, termino el durazno, me limpio los labios con un almohadón. Dejo que mi mente recorra libremente los pasillos de mi consciente sin acotar comentar, prejuiciar, recordar. Me acuerdo del almuerzo con Laura, su sonrisa nerviosa, tímida, al pinchar los tomatitos cherry; el final de un libro: el personaje principal se acerca a la casa de la primera novia, toca el timbre, espera ansioso, la ex le abre, no lo reconoce, y él sonriendo le entrega un libro, un libro que escribió él, inspirado en ella, donde a la vez en ese libro, al final, él narrador le entrega a su primera novia un libro que escribió él, inspirado en ella; donde a la vez en ese libro, al final, él narrador le entrega a su primera novia un libro que escribió él, inspirado en ella. Repito hasta el cansancio, hundido en una abstraída meditación: un libro que escribió él, inspirado en ella.
La cerveza se termina, levanto la camisa del piso, me pongo los zapatos, abotono los botones, y vuelvo a salir a la calle. Espero el 152, con ojeras y cara de nada, pago el boleto y me siento en la última fila, contra la ventana. Me bajo en Pelliza, camino ocho cuadras, a paso de niño, y me dejo caer sobre la entrada de una casa. Cierro los ojos y me permito descansar un poco. Pintado de amanecer tardío, retomo mi caminata frotándome los ojos, mirando los nombres de las calles. Doblo en La Rioja, y freno en la tercera casa. Toco timbre.
Me abren.
La gente baila agitada una canción ochentosa distorsionada por los parlantes viejos. Yo cruzo el living hasta llegar al baño y entro, sin tocar, para buscar algo para tomar. Una mujer de pelo castaño cortito se termina de abotonar los botones de la pollera mientras me insulta por sinvergüenza. Hay hielos y botellas en la bañadera. Elijo a las apuradas un ron, sirvo un vaso, y se lo acerco a sus labios con una sonrisa psicópata exagerada. Su seño se quiebra, se ríe, toma del vaso ayudándose con las dos manos. Cambio la sonrisa por otra más sutil, le agarró su mano, y la hago girar, como las agujas del reloj, antes de salir del baño, con la botella de ron, cerrando la puerta atrás mío. En el living todo sigue igual, gente amuchullada. Giro tal cual búho curioso, ron ron ron, bordeo los sillones, abro la puerta para dejar entrar a dos muchachas, una rubia y otra morocha, y salgo dando saltitos hasta la reja, que abro para quedar una vez más en la vereda. Largo un suspiro y camino sin interrupciones hasta la esquina. Saco un alambre de mi billetera, lo alargo, lo acerco a la ventana de un falcon, pego mi oído a la puerta y busco el click deseado. Tardo diez minutos y estoy adentro, acuchicheado en el asiento de atrás, ojos abiertos de par en par. Una fugaz brisa de preocupación me hace pensar en ser encontrado, en la policía, en violencia; dura poco. Todo dura poco.
Atardecer asqueroso, me disfraza de violetas, mientras revuelvo el baúl verde. Rescato una campera que me queda medio chica, color azul marino. Como el mar.
Busco un teléfono público y la llamo. Hola, soy yo.
Sigo.
Freno en un bar al lado de las vías. Pido algo. Miro por la ventana. Pasan siete trenes en una hora. Siento la pesadez del aire, la tensión en las palabras, un vacío casi abrumador entre tanto ruido, y así, me permito sentirme mal. Y mal me siento, hasta que pago la cuenta y me levanto.
Camino bordeando las vías. Me cruzo a unos chicos pintando paredes y a una vieja con su perro. Llego a Retiro. Es de noche.
Pido un cigarrillo entre los esperantes un cigarrillo, pero no hay caso. Solo esperan. Y entonces casi sin querer me encuentro en la fila. Y entregado hago la fila, hasta que viene el tren, y me subo, eligiendo un lugar al lado de la ventana.
Me bajo en Belgrano y camino hasta mi hogar. Dulce hogar. El teléfono suena fuertísimo, lo atiendo para hacerlo parar y me sorprendo al escuchar una voz que viene de otro lado, como de muy lejos. Si, soy yo, ¿quién es?
Como quien es, hijo de puta. Estuve llamándote todo el día, ¿dónde estabas?

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Cumpleaños feliz Thursday, April 18, 2013 |

No quería escuchar más la radio. Me levanté del sillón y la apagué. Volví a la cocina y chequié los fideos. Estaban bien. Me puse el gigante guante amarillo de tela para no quemarme y saqué el agua en el lavadero, poniendo un tenedor en el costado de la olla para que no se caigan los fideos. Después agarré una tabla de madera y me senté en la mesa. Comí fideos de la olla en silencio. Eran de los de rulitos. Dos meses antes había asistido al cumpleaños de una alumnita de piano. Cumplía 15 y la mamá le estaba preparando una fiesta sorpresa. Yo me quedé dormido en el colectivo y me levanté cuando ya había recomenzado el recorrido y estaba encarando para el lado contrario. Me acuerdo que era miércoles y estaba nublado. Me acuerdo que al lado mío dos chicas arreglaban, en portugués, que hacer en el fin de semana. Concluyeron encontrarse a tomar sol y cocinar una cheesecake antes de salir a patinar. Llegué, tarde, y era el primer invitado. La mamá me ofreció algo para tomar y le dije que no gracias. La quinceañera, Roxy, tenía puesto un vestido blanco cortito y unos aritos con plumas verdes chiquitas. Me respondía en monosílabos y miraba al piso. No vino nadie y cenamos filetes de pescado en silencio.  Mientras comíamos torta me contó que una vez se vistió de playboy para una fiesta de disfraces y se puso del orto y vomito y no se acordaba de nada y las amiguitas la trajeron a su casa en un taxi, y sus papás no la dejaron salir por seis meses.  Después se puso a llorar en silencio y se fue a su cuarto, la mamá me regalo un poco de torta en un táper y me volví a mi casa.

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