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Cuestionalo.

Pienso en ovejas pero no se animan a saltar mientras se prueban un saco y corbata. Llego a la esquina, el semáforo se camufla entre el rojo de uñas pintadas y yo cambio minutos por bocinas. Un riesgo imprescindible.

miembro de CRUZAGRAMAS

adicciones

Pastillas para sentirse mejor.
No cuestionan la causa. La ignoran.
No responden la pregunta. La olvidan.

Desde esa vez en la plaza no la volví a ver a Sofí. No la extraño, o por lo menos no como uno extraña a su prima o al chocolate. Quizás me contagio su despreocupación, pero creo que más que nada estoy intentando concentrarme en las cosas chiquitas. Es más fácil así, ¿no, doctor?

Mire. Esto puede hacerse muy simple, muy rápido.
Para dormir, las azules.
Para la memoria, las lilas.
Para despertarse, la de las agujitas. Esa también hace ruido.
Para evitar la violencia, las rojas.
Para guardar silencio, las rosas.
Para ignorar esos temas que nos desequilibran y disturban, las violetas.
Para sonreír, las verdes con rayas doradas.
Para abrazar, las verdes con cruces plateadas.
Para enmascararse y esconderse, disfrazar los candados, evitar la paranoia y los delirios, no distraerse de la realidad, tener una visión objetiva y moderna, ampliar el vocabulario, parecer intelectual, tener esa sonrisa de Bruz Wilis de costado y hasta esconder la pelada eficazmente, tome la celeste con puntitos amarillos.

Le aseguro que esto le permitirá olvidarse de esta tal Laura y no sólo eso sino que encontrará a la mujer ideal, su profesión indicada, dormirá 8 horas, se levantará sin lagañas u ojeras. En pocas palabras, la verdadera felicidad, ¿no le parece? ¿Qué más puede pedir un hombre?

Martín aguardó silencio. ¿Qué más puede pedir?
La independencia de las pastillas, se le cruzó. Animarse, a sentir, aunque sea tan sólo dolor, siempre será mejor que nada, pensó, pero rápidamente tomó el pastillero y se fue.
No conviene mostrar actitudes anti-sociales enfrente de doctores.
En una de esas terminás en un manicomio.

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Escribí tranquilo que hay apuro.
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